Poner a Margot encima de la mesa del comedor y follarla en todas las posiciones ya por si solo es algo muy placentero, porque contra más violencia, más se transforma, pero hacer todo esto mientras de su coño, precioso por cierto, brota la sangre de la regla, es algo todavía más salvaje. Correrse en su coño y oler la sangre, el esperma, su flujo y nuestro sudor es algo inexplicable. Para acabar, su mamada con todos los líquidos me dejan perplejo. Margot pasa del beso más dulce a la máxima locura. Eso me gusta de ella, porque al fin y al cabo, nuestro beso final con las bocas llenas de sémen, por raro que parezca son la máxima expresión del amor que tenemos el uno por el otro. No concibo más amor que este beso final.
